Algunas reflexiones alrededor de las consultas ciudadanas (y la participación ciudadana en general)

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Inicio junto a Carmen y Verónica (veremos si hay próximas incorporaciones) la aventura de las PeroGrullas. Empezamos fuerte, casi sin calentamiento previo, con un tema sobre el que podríamos estar escribiendo y debatiendo horas: el de las consultas ciudadanas. Que nadie se asuste. Aunque no diré que el post sea corto, no os llevará horas leerlo. Si lo hacéis, os animo a dejar vuestras reflexiones como comentario, o podemos charlar en redes sociales o en cualquier momento en el que podamos coincidir presencialmente.

Ahí van las reflexiones.

Primer tema: ¿Quién puede participar?

Mi experiencia es que cuando charlas sobre consultas ciudadanas tarde o temprano alguien saldrá con frases como “la gente no está preparada, no sabe”, “¿cómo va a decidir el destino de la ciudad gente sin estudios?” o “la gente acabará pidiendo bancos de colores, pistas de hielo o tonterías por el estilo y dejarán de lado las auténticas necesidades de la ciudad”. En el fondo de la cuestión está la idea de que los ciudadanos somos unos irresponsables, unos ignorantes o incluso idiotas y que, por tanto, debemos dejar la toma de decisiones sobre qué se hace o deja de hacer a los políticos que son mucho más guapos, listos y ricos, como decía el otro, que los simples mortales. Ante eso, suelo decir:

  • ¿Es mejor lo que decida el elegido por los supuestamente idiotas que lo que directamente eligen estos? ¿O es lo mismo con un paso intermedio?
  • No creo que la política exija un alto nivel de estudios porque principalmente es ideología. En cualquier caso, cuántos casos hemos oído sobre asesores de políticos con el graduado escolar raspado, supuestas mentes privilegiadas que han plagiado sus tesis doctorales o ministros con más que modestos pasos por la universidad.
  • Aunque el color de lo que utilizamos para descansar las posaderas no está entre mis prioridades, sinceramente prefiero un Madrid lleno de bancos de colores a un Madrid endeudado hasta las orejas por el soterramiento de la M-30, prefiero una fila de bancos de colores entre Cádiz y Donostia al rescate de las radiales, el pago del silencio con fondos reservados a la amiga del que ya sabéis o la compra de tanques para que unos cuantos jueguen a los soldaditos.

Por tanto, consultas sí y con participación de todo el mundo. Por supuesto.

Segundo tema: ¿Consultas ciudadanas para qué?

Aunque se podría, no creo que haya que preguntarlo todo. Elegimos a gobiernos para los diferentes niveles de la administración y lo hacemos, supuestamente, analizando, y posteriormente aprobando con nuestro voto, un programa de gobierno. Por tanto, en principio, parece lógico concluir que hay legitimidad para llevar a cabo todo aquello que estaba en el programa vencedor y que sólo se consulte aquello que no estaba en el programa, aquello que puede contradecirlo, cuestiones de calado que tienen consecuencias estructurales de largo plazo o que por su relevancia se consideren que necesitan de un nuevo refrendo por parte de la ciudadanía, o temas en los que hay una evidente contestación social. Es decir, por poner algunos ejemplos:

  • Pregunta a la ciudadanía si quieres modificar la Constitución para incluir el pago de la deuda como prioridad.
  • Pregunta también si puedes subir los impuestos, en el caso de que tu programa dijera que ibas a bajarlos.
  • Confirma que están de acuerdo con peatonalizar la Gran Vía.
  • O pregúntales qué les parece mandar tropas a Irak.

Lo que es importante desde mi punto de vista es que las consultas sean sobre temas de calado, relevantes. Personalmente no me valen estrategias cosméticas que se centran exclusivamente en preguntas sobre el nuevo nombre de tal o cual centro cívico, hospital o parque. Soy de los que piensa que todo comunica y apoyo el que nos pregunten por esos temas, además creo que en una fase incipiente de fomento de la participación ciudadana pueden ser un buen entrenamiento, pero en ningún caso deberían ser los únicos temas sobre los que se consulte.

Tercer tema: Consultas con toda la información

Para que la participación sea de calidad, necesitamos tener toda la información, especialmente sobre las consecuencias de la decisión que votamos. Si me preguntas si quiero cambiar el nombre a un hospital, añade qué coste tendrá dicho cambio. Si me cuentas que acoplado a esa decisión va un coste de medio millón de euros porque vas a cambiar la serigrafía de la ropa de cama, las batas de los médicos, la papelería y X rótulos, y que ese presupuesto se va a detraer de la partida de servicios sociales, lo mismo decidimos que no es el momento. O sí, porque te proponemos que el presupuesto salga de la eliminación de los coches oficiales pagados con fondos públicos, por ejemplo.

Por supuesto, en este punto hay que apelar a la responsabilidad de cada uno. Si no tenemos ganas o tiempo de informarnos de lo que supone el proceso deberíamos no votar. En mi caso, por ejemplo, no tuve tiempo para analizar las propuestas de remodelación de la Plaza de España, por lo que consideré que lo más responsable era abstenerme al respecto.

Cuarto tema: Participación en igualdad de oportunidades

No es sencillo, pero habría que buscar herramientas que permitan una participación lo más equitativa posible. Por ejemplo, en la web Decide Madrid se pueden hacer propuestas que van pasando fases si logran el apoyo ciudadano necesario. La cuestión es que el paso por esas fases  sucesivas del proceso va a depender en buena medida de la capacidad de influencia del que la propone y no sólo de la calidad de la misma. Quiero decir que muy probablemente la propuesta de Madrid 100% Sostenible que votamos hace algunas semanas, siendo excelente y necesaria, no habría pasado a la votación final de no haber sido “apadrinada” por las organizaciones que forman parte de Alianza por el Clima.

Lo digo de otro modo: mi propuesta de recuperar la figura del sereno (que creo que es muy necesaria) no “compite” en igualdad de condiciones con una propuesta enviada, por ejemplo, por Hazte Oír. Por el bien de la ciudad, y para evitar caer en el desánimo ciudadano al ver quedarse fuera una y otra vez las propuestas enviadas, quizá habría que valorar la creación de mecanismos de promoción y difusión que equilibren la diferencia de fuerzas de partida.

Quinto tema: Consultas con recursos

Si la participación es clave para una administración lo primero que hay que hacer es destinar recursos a ese fin. Desde mi punto de vista, la llamada a la ciudadanía a que fuera a recontar papeletas en la reciente votación ciudadana del Ayuntamiento de Madrid dio una imagen muy pobre del proceso. No me sirven las llamadas al compromiso ciudadano, ni a la responsabilidad. Exactamente igual que nadie va a cavar la zanja para reparar la tubería de su calle o conduce un autobús de la EMT en sus ratos libres, esto tendría que haberse hecho con dinero y personas contratadas, no con “voluntariado”.

Un Ayuntamiento progresista, defensor del papel de la ciudadanía, debería desechar cualquier práctica de uso de supuesto voluntariado como sustitutivo de mano de obra y poner en marcha iniciativas que fomenten el voluntariado transformador. Y, de paso, y en esta misma línea, repensar Voluntarios por Madrid. Si necesitan más información, pueden empezar por leer este documento.

Sexto tema: Mucho más allá de las consultas ciudadanas

Las consultas ciudadanas están bien pero ahí no puede acabar nuestro papel como sujetos políticos. Son una herramienta más, pero no puede ser la única, como tampoco pueden serlo la participación en las elecciones. Nuestro papel como ciudadanía debe ir más allá. Deberíamos conversar, incidir y presionar a nuestros representantes durante los periodos que duren sus mandatos, mostrando desacuerdos, aportando propuestas y, por supuesto, aplaudiendo lo que consideremos son buenas iniciativas.

En este sentido, y con esta cita de ¿Idiotas o ciudadanos? de Félix Ovejero termino, “(…) ¿qué democracia asegura la ley justa y, por ende, la libertad? La respuesta está en la deliberación democrática, que filtra los intereses según criterios de imparcialidad, atendiendo a la calidad de los argumentos que los respaldan, a los principios y a los informes. La argumentación pública obliga a mostrar que, en algún sentido, las tesis defendidas se corresponden con principios generalmente aceptables, de interés general, y con los datos, con la realidad del mundo. (…) Por supuesto, por lo común, los individuos acudirán a la deliberación con ciertas ideas, pero, en el dialogo, las modificarán a la luz de las mejores razones, o se tendrán que callar, desprovistos de argumentos. Quizá en el fondo, sus propuestas respondan a sus intereses, pero, en la deliberación, se ven obligados a justificarlas de acuerdo con criterios imparciales, con razones aceptables para todos. En la medida en que la deliberación muestre que, a la luz de tales criterios, las propuestas no están justificadas, y puesto que han acatado tales criterios, deberán abandonar sus propuestas o, al menos, la tesis de que sus propuestas se corresponden con el interés general”.

 

Nota: la imagen de cabecera es una captura de la página web de Decide Madrid.

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