Sobre la participación ciudadana y las consultas ciudadanas

Esta reflexión surge al hilo de una discusión con Jorge y Carmen sobre la participación ciudadana, las consultas ciudadanas, y su alcance.

La discusión, en concreto, trató sobre las consultas ciudadanas a raíz de la reciente consulta lanzada por el Ayuntamiento de Madrid. Algunas de las interrogantes que nos surgían eran, ¿qué significa participar? ¿qué responsabilidades conlleva? ¿estamos preparados para participar? Y aunque no llegamos a ninguna conclusión ni acuerdo, si entendí que la “participación ciudadana” está mal entendida.

¿Cómo entendemos la participación?

Pregunté a varias personas de mi entorno sobre el significado de la participación.  Todas entendían que se trataba de una acción hacia ellas: que me tengan en cuenta,  que me pregunten lo que opino, que me incluyan en las decisiones… y así sucesivamente.

Eso me llevó a reflexionar sobre cómo entiendo yo misma la participación. Me fui, como no podía ser de otra forma, al origen: la RAE. Ahí se define la participación como la acción y efecto de participar.

Por contraste, de las personas a las que pregunté, ninguna entendía que se tratara de una acción proactiva o que partiera de ellas mismas: me involucro, pregunto,  propongo,  exijo, actúo…¿Qué sucede entonces cuando no nos preguntan? En una democracia, tendemos a depositar nuestra confianza en un grupo de personas que se supone que están actuando en favor de mis intereses y de los de la mayoría. Sólo nos acordamos de “participar” cuando nos damos cuenta de que “no nos han representado en sus actuaciones”.

Partiendo de esa base, cuando hablo de participación ciudadana, no hago sino referencia a mis propias acciones. Es decir, la participación depende en gran medida de lo que yo esté dispuesta a hacer. Vinculado con lo anterior, antes de llegar a la protesta, hay un largo camino de propuesta que recorrer.

¿Qué estoy dispuesta a hacer para cambiar las cosas? La gran pregunta que como ciudadana tengo que hacerme (tendríamos que hacernos), aunque quizás nos de miedo responder.

Un camino de ida y vuelta

No todo es tan simple. Que yo pueda participar, en función de mis intereses o aspiraciones,  depende en gran medida de que se garantice que pueda hacerlo. Vivimos en sociedades estructuradas, en mayor o menor medida, en torno a un marco jurídico de protección de los derechos. En este marco, amparado además por tratados y convenciones internacionales de derechos humanos universales, se contempla la participación como uno de ellos.

Así pues, tanto en la Declaración Universal de los DDHH como en el Protocolo de Derechos Civiles y Políticos, se dice que toda persona tiene derecho a participar en los asuntos públicos, directa o indirectamente.

Vemos pues que la participación es un camino de doble sentido. Lo que hago y lo que hacen por mí.

Esto tiene una serie de implicaciones importantes:

  1. La acción de participar conlleva una responsabilidad. Por ejemplo,  vimos recientemente cómo después de haber votado Sí al #Brexit, muchas personas se arrepintieron amargamente y dijeron que, de haber sabido lo que suponía,  habrían votado otra cosa. Participar si, pero sabiendo que estas acciones acarrean consecuencias (positivas o negativas para mi, para quienes me rodean y para el resto del mundo).
  2. Lo anterior está relacionado con la obligación de dar información de forma oportuna, transparente y accesible para que quien participe lo haga informada y conscientemente.
  3. También existe la obligación de respetar el derecho a participar, impedir que otros actúen contra mi derecho a participar y la obligación de actuar para que yo pueda participar. ¿En quien recae esto? En quien yo o mis conciudadanos hayamos depositado la representación de nuestros intereses.

Espacios de participación

Evidentemente, la participación ciudadana no se circunscribe únicamente al espacio de representación democrática.  En muchos espacios escucharemos hablar de participación.  Generalmente, se tratará de algo limitado a conocer nuestra opinión o dotar de legitimidad las acciones de otras personas, empresas,  organizaciones, y un largo etcétera. Respondes encuestas, participas en grupos de discusión…

Por el sector en el que trabajo, haré especial referencia a la participación en las organizaciones sociales. Es muy habitual escuchar en el sector de las ONG que uno de sus objetivos es proponer la participación ciudadana.  Se habla de la ciudadanía global, la ciudadanía activa, de la base social, de la representatividad de las organizaciones… incluso hemos escuchado alguna vez que las organizaciones son “constructoras de ciudadanía (global)”, condición que se entiende necesaria para la participación.

Aunque esto daría para una entrada específica, si quedan varias interrogantes vinculadas con la participación en este sentido: ¿Qué es lo que se quiere decir realmente? La participación conlleva, vimos antes, un camino de doble vía.  ¿Buscan un resultado concreto? ¿Buscan validar posturas? ¿Hacen un llamado  a que las personas, desde su idiosincrasia y su forma de entender el mundo, las transformen desde dentro? ¿A qué se refieren cuando dicen que son canales de participación? ¿Cuál es su propia cultura de participación (reactiva, proactiva o una mezcla de ambas)?

Hay gente que participa

A pesar de lo que podríamos pensar, hay personas que sí quieren participar. Otra cosa es que los espacios de participación sean los adecuados, que existan sitios para canalizar sus demandas, o qué prioridad se le da a según qué propuestas.

En este sentido, cuando se trata de una consulta ciudadana, ¿cómo saber si qué porcentaje es suficientemente válido para hablar de una respuesta representativa? Vuelvo al #Brexit, donde se ha cuestionado mucho la participación y los resultados tuvieron resultados catastróficos para muchas personas. ¿Qué legitimidad tiene entonces una votación de este tipo? ¿Y si dentro de 2 años cambiamos de opinión? ¿Quién marca la prioridad sobre qué cosas han de consultarse?

Y en el sentido de la participación, ¿cómo conseguimos que antes de lanzar una consulta, esto haya partido de los intereses de la ciudadanía? Por ejemplo, las propuestas de Alianza por el Clima en la consulta de Madrid 100% sostenible… éstas nacieron en el seno de un grupo de organizaciones preocupadas por el cambio climático. ¿Se entiende, por defecto, que éstas representan un interés mayoritario? El caso es que, efectivamente representa, igual que otra de las iniciativas (abono de transporte único), una propuesta, una acción, un efecto de participar.

Estas, y otras preguntas más, aún quedan sin respuesta. Además, seguramente no tengan respuestas sencillas o que agraden a todo el mundo. Intentaré seguir avanzando en estas reflexiones y compartiendolas con todas ustedes. De momento, nos ponemos cita para otra discusión de las Perogrullas con algún otro tema apasionante. Mientras tanto seguimos arreglando el mundo en los bares

 

Un comentario sobre “Sobre la participación ciudadana y las consultas ciudadanas

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