Hacernos un hueco entre tanto ruido

Hace tiempo escuché que una persona en la edad media, en toda su vida podía recibir la información equivalente a lo que hoy podemos encontrar publicado en un dominical cualquiera. Supongo que por aquel entonces, la lectura sería un privilegio para una ínfima parte de la población. Me imagino una lectura pausada, capaz de analizar y saborear cada frase, de detenerse después de los puntos y sacarle hasta la última gota de jugo a cada palabra.

A veces les envidio. Hoy, leemos mucho, pero leemos a trompicones. Especialistas en neurociencia y psicología temen, incluso, que nuestra capacidad de concentración esté mermando. Leemos en una pantalla de 4.5 pulgadas y mientras lo hacemos, tenemos que sortear distintos obstáculos: notificaciones de whatsapp, menciones en twitter, un nuevo correo en nuestra bandeja de entrada, y un largo etcétera de avisos en redes sociales; por no hablar, del mundo real (y no virtual) en el que nos movemos y sobre el que de vez en cuando, deberíamos prestar algo más de atención. Pasamos de una pantalla a otra, a veces sin saber qué estamos buscando, y a veces ese “todo” se convierte en un vacío inexplicable de conocimiento y en una frustración creciente por no llegar a todo lo que tenemos a nuestro alcance. Estamos sometidos a tal cantidad de información que no tenemos tiempo para digerirla.

Ante este panorama, las ONG tienen que hacerse un hueco en la pantalla de su público objetivo, y tienen que hacerlo utilizando un lenguaje comprensible y atractivo, sin perder esa explicación analítica que requieren los temas con los que trabajamos (pobrezas, desigualdades e injusticias sociales), y la rigurosidad y precisión que se les demanda socialmente. Ah! Y todo esto con pocos recursos. En fin, una tarea nada sencilla, así que…¡Demos un respiro a la autocrítica!

Sí, es cierto, de manera general cuesta encontrar el término medio. O bien, nos ahogamos en tecnicismos, tirando de un lenguaje incomprensible, solo apto para especialistas. O bien, caemos en el simplismo de contar una parte de la historia, la parte del final, la que explica que el protagonista se ha visto despojado de sus derechos, eludiendo quién se los ha quitado y por qué. La primera opción, directamente no llega al público, y si lo hace, es a través de una lectura que se abandona en el segundo párrafo, únicamente consumible por especialistas en la materia; la segunda opción, sí que puede llegar al público, pero puede ocasionar efectos opuestos a nuestros intereses. Pensar que la pobreza existe porque sí, porque “les ha tocado” nos incapacita para pasar a la acción: ¿A quién demandamos qué, y por qué? Si queremos lograr una comunicación transformadora (que produzca cambios sociales), necesitamos contar la historia completa, desde el principio, explicar el porqué y quiénes son responsables, de lo contrario, nuestra comunicación está abocada al fracaso. Y esto, tiene mucho que ver con nuestras responsabilidades como “agentes de cambio”.

Otro temazo es el del público objetivo. Mi sobrina de 15 años vive pegada a su smartphone, pero no lee un periódico (ni siquiera su versión digital), tampoco revisa twitter, y por supuesto, ni se le pasa por la cabeza abrir la última newsletter de ninguna ONG. Si quieres que mi sobrina te escuche, tendrás que hablar con una influencer de instagram para que le explique de qué va la vaina, o puedes optar por hacer un vídeo ágil y atractivo, a ver si así te presta atención. Quizás mi sobrina no sea tu público objetivo, es probable, pero tendremos que empezar a acostumbrarnos a que el abanico de medios y lenguajes ha dado un giro de 180 grados, y si queremos que nos escuchen, si queremos hacernos un hueco en sus pantallas, tendremos que escucharles primero, para comprender por dónde se mueven después. Y esto, también es todo un desafío.

Una vez tengamos claros nuestros objetivos comunicativos, el público al que queremos llegar, y qué queremos contar, tendremos que tirar de creatividad comunicativa para contarlo de una forma diferente. Y después, adaptarlo a todos los medios y canales que tenemos a nuestro alcance. No olvides que tenemos que hacernos un hueco aquí:

unhueco

 

Puede parecer un desafío extremo (probablemente lo sea), pero a la vez, es una oportunidad fascinante para llegar a quienes hace años nos resultaba impensable. Escuchar, experimentar con el lenguaje, trabajar nuestra creatividad y arriesgar, son algunas de las claves para hacernos un hueco entra tanto ruido.

Carmen Álvarez

 

 

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